Y nos damos cuenta

 

“Mamá me encuentro mal”. Cuando era pequeña no le tenía tanto miedo a la enfermedad como a crecer, porque sabía que cuando me levantara de la cama mediría un centímetro más. Soy una mujer muy alta, mido 1,80 cm, y no me gustaba medir tanto, aunque con el tiempo aprendí a aceptarme. El amor y el miedo son incompatibles, donde está el primero desaparece el segundo.

La cuestión es que tras la enfermedad, crecía. Tal vez sea eso lo que le está pasando a nuestra sociedad, a nuestros pequeños mundos. Quizás cuando podamos levantarnos todos hayamos crecido, aunque no precisamente en el sentido físico y no sólo a nivel personal, o social, sino también a nivel familiar.

Este estado de confinamiento en el que nos encontramos, tras decretarse el estado de alarma en nuestro país, puede generar nuevos conflictos en cada hogar, y aquellos que siempre han estado acompañándonos, se pueden agudizar. Estamos especialmente nerviosos, tenemos miedo y no sabemos cuánto tiempo vamos a estar así, sin poder salir, ni dar un paseo, que nos pueda permitir apaciguar los ánimos en un momento de tensión.  Esta situación puede repercutir de lleno en el núcleo familiar, no sólo a corto plazo, sino también a largo plazo, poniendo a prueba las más sólidas de las relaciones de pareja, y/o provocando controversias intergeneracionales, en ambas direcciones padres con hijos e hijos con padres, especialmente en la adolescencia.

No obstante, hay que tener en cuenta que los conflictos subsisten hasta que los afrontamos y depende de la forma en que lo hagamos nos puede llevar a crecer en cualquier relación o podrán volver a resurgir ante una pequeña crisis. A veces, cuando el miedo nos sobreprotege solemos eludir nuestros problemas, y es ello lo que nos mantiene en un constante sufrimiento, al que, por otra parte, nos llegamos a acostumbrar, hasta que surge algo que nos obliga sin más remedio a salir del mismo. Ese algo, hoy, puede llamarse  “coronavirus”.

Las crisis nos dan la oportunidad de crecer, de cambiar, tras ver las incongruencias que rigen nuestra vida, lo que somos y lo que podemos ser, nos ayuda afrontar los conflictos sin más remedio. No obstante, esta situación tan grave y excepcional, que jamás hemos vivido, también reproduce gestos de solidaridad,  de respeto, de ayuda, de amor y, sobre todo, empezamos a valorar lo más cotidiano y ello nos lleva a agradecer y a darnos cuenta.

Y nos damos cuenta de que en realidad sólo se tiene lo que se da porque todos formamos parte de lo mismo. Que las distancias no existen, porque nos unimos para aislarnos y los aplausos acercan los balcones. Que hay que parar para poder avanzar. Que hay que respirar profundo sin dejar que nada, nadie ni ningún virus nos asfixie. Que las ganas mueven el mundo como el amor. Darnos cuenta significa que lo entendemos, y cuando lo entendemos, crecemos y, ante ello, los conflictos desaparecen como también lo hace el miedo.

El “darse cuenta” es la filosofía y a la vez el objetivo en el que está basada la mediación integradora, un nuevo modelo de mediación para afrontar, gestionar y resolver los conflictos, que le da nombre a su centro de investigación y desarrollo, el Instituto de Mediación Integradora (IMI), institución de formación y de mediación, que se pone a disposición de los que quieren crecer afrontando sus conflictos desde los más cotidianos a los más excepcionales.

María del Castillo Falcón Caro

 

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https://issuu.com/ch-magazine/docs/chmagazine07/2?ff&fbclid=IwAR3586naoXqmP0SUlFJjprKL8fe2lh4PrjNc2xPTU8yb3DBO2rZehn3UWhc

 

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