Érase una vez… Un cuento para profesionales de la mediación integradora

Erase una vez un bosque en él que reinaba Paz. Paz era un Hada de luz blanca con unas inmensas alas luminosas que impregnaban todo de amor y armonía. A ella acudían toda clase de seres del bosque, y también de fuera del mismo, en busca de su sabiduría, esperando que les resolviera sus problemas. Éstos eran unos más pequeños, pero enquistados, otros más grandes, otros realmente imposibles de resolver, o al menos así les parecía que eran. Todos estas dificultades tenían en común que provocaban una tristeza que podía trascender a la energía natural del bosque, corriendo el peligro de bloquearla, si no fuera por Paz.

Pero Paz no resolvía los problemas, ella sólo arrojaba luz con sus palabras, alegorías y sobre todo utilizaba el más hermoso y natural de los recursos: el amor.

Driadas, Sílfides, Gnomos, Elfos, Duendes, rendían pleitesía a su luz mágica, que cuando la integraban en su ser, parecían deslizarse de una forma natural los hilos del nudo del conflicto que asediaba la energía más sagrada de la Naturaleza.

El duende más sabio de los duendes, Sabio, concurría algunas veces a su encuentro para mantener conversaciones con ella, sobre todo cuando no se encontraba bien, porque si eso era así no podía ayudar a su comunidad con los obstáculos de vida que les solían plantear.

Una vez Sabio visitó a Paz porque había algo que lo tenía inquieto y no se sentía bien. Le confesó al Hada Paz que a veces por más que intentaba explicar lo que tenían que hacer para mejorar o como resolver su problema, parecían no entenderle y no hacían lo que les aconsejaba, aún teniendo la certeza de que lo que les decía era lo mejor para ellos. Y en vez de agradecer lo que hacía por ellos, reaccionaban, se ponían a la defensiva. Y ello hacía que se sintiera culpable por no poder ayudarles, frustrado e impotente.

El Hada Paz le preguntó: ¿estás juzgándote o juzgándolos?. Cualquier ser se pone a la defensiva si se siente atacado, y donde hay un juicio existe un ataque a lo más profundo de su sentir. No esperes que reaccionen de una forma diferente si los juzgas. Y no te exijas tanto, juzgándote, tienes derecho a equivocarte y a sentir lo que necesites sentir para “darte cuenta”.  ¿Qué es lo que te da la seguridad de que lo que dices es lo mejor para ese ser?. Piensa Sabio que si te juzgas sólo muestras falta de respeto y de amor por ti mismo, igual que si juzgas a los demás, sólo expresas la falta de respeto a su proceso o evolución personal. Cuando aparece el respeto y la humildad desaparecen los juicios y el ego. La responsabilidad transforma la culpabilidad y con el amor nunca tendrás miedo. Si integras en tu corazón estas premisas te ayudaran a sentirte mejor.

Pero entonces, ¿cómo puedo ayudarles si no les digo lo que tienen que hacer?, insistió Sabio.

A lo que contestó el Hada: ayúdales cuando te lo pidan, ahí empieza el respeto, después escucha lo que necesitan, respetando su sentir, arrojando luz en su decisión sin intervenir en la misma. A veces para ser feliz sólo hay que tomar decisiones, y éstas cuesta tomarlas porque no se conoce toda la información o no se tienen claras todas las alternativas posibles, y sobre todo porque no sabemos escucharnos, ni sentirnos, ni lo que queremos. Enséñales a escuchar y a respetar a su corazón, a sentir , a descubrir lo que quieren, y a responsabilizarse de sus decisiones. Mientras enseñas a aprehender, integraras todo ese aprendizaje en ti y eso hará que te sientas feliz y generes más felicidad, es el principio de la coherencia, sobre la base de la energía que es capaz de hacer eso posible con toda la inmensa luz que provoca el amor.

Gracias Hada Paz, ya me siento mejor.

Gracias a ti Sabio, yo también me siento feliz

www.imediacionintegradora.com

————————————————Dra. María del Castillo Falcón Caro

 

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