Otras breves notas sobre el método integrador: el modelo de la coherencia

Son tres las escuelas tradicionales en Mediación: la tradicional de Harvard, la circular-narrativa y la transformativa, todas ellas dan orden y significado al proceso de mediación. No obstante, la cuarta escuela, la  Integradora no sólo se centra en el proceso, sino también en las personas, empezando por el/la profesional mediador/a. Es preciso, además de “estar” o ejercer como mediador/a, “serlo” en toda su dimensión y coherencia con el significado propio de la mediación como tal.

El/la mediador/a requiere una actitud que se presume que posee al elegir tal profesión, ( ¿o es la mediación la que elige a sus profesionales?, ese será otro tema). Sin embargo, es necesario fortalecer esa actitud, integrarla para que las cualidades del mediador/a se desarrollen con la mayor naturalidad y fortaleza.

El ejercicio de la mediación requiere entre otras cualidades y actitudes: respeto, paciencia, humildad, y la nula actitud de enjuiciamiento.

Respeto, a la persona y a su conflicto, a su evolución, perspectiva, y sentir.

Paciencia basada en la confianza en el proceso de mediación que hará que los/as mediados/as descubran por sí mismos sus verdaderos intereses y necesidades, y ello les llevará a formular alternativas de solución del conflicto.

Humildad, porque la opinión del/a mediador/a no es la importante, no interesa, no es su conflicto y por tanto no debe intervenir con sugerencias, consejos o adelantando prematuramente un acuerdo externo al conflicto propio de las partes.

Nula actitud de enjuiciamiento, quizás la cualidad más difícil de alcanzar, pues engloba todas las anteriores. Es difícil controlar los “-pre-juicios”, incluso de muchos de ellos casi no somos conscientes, otros surgen espontáneamente disfrazados de opiniones propias, recomendaciones, consejos, directrices, sentencias (y no me refiero a las judiciales)

Es tan fácil y tan complicado como coger todas esas cualidades y respetar a la persona, teniendo paciencia con su propia evolución, para ser humilde y no juzgar nada ni a nadie…

Pero, ¿cómo se entrena esa actitud?. La respuesta es a través de la escuela integradora. Integrar la actitud y la aptitud en la profesión del/a mediador/a alcanzando la coherencia entre el “ser” y el “estar” del/a mediador/a.

Es asombroso ver como los alumnos del IMI Instituto de Mediación Integradora (www.imediacionintegradora.com) cambian de actitud en nuestros cursos, un proceso mágico que llena de satisfacción a esta formadora que suscribe, una juez que no le gustaba juzgar y en su búsqueda de la coherencia encontró la mediación; y de su investigación y ejercicio, y sobre todo por el empeño en materializar lo que necesitaba creó el método integrador.

¿Cuál es la herramienta principal del método integrador?. La Programación Neuro-Lingúística (en adelante PNL). Su objetivo es abrir alternativas de pensamiento para entender el conflicto a través de los procesos mentales e integrar la solución al mismo por el mismo camino.

El modelo integrador tiene una doble dimensión: por una parte, consiste en la aplicación de la PNL al proceso de Mediación, y por otra parte, forja la actitud del Mediador en la gestión del proceso a través de técnicas de PNL.

Y mucho más…

Dra. María del Castillo Falcón Caro

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